Regreso de Tommy John, bases llenas y un sexto inningdemoledor: los Reds tumban 6-4 a los Cubs


Julian Aguiar volvió a lanzar en Grandes Ligas casi dos años después de su cirugía y se llevó la victoria. Chicago, que pelea por el factor cancha del Comodín, se fue del Great American Ball Park con cinco boletos regalados por Clay Holmes y un corazón del orden que se quedó mudo.
Hay victorias que valen por lo que significan en la tabla y otras que valen por la historia que cuentan. La de este viernes en el Great American Ball Park fue de las segundas. Los Cincinnati Reds vencieron 6-4 a los Chicago Cubs en el arranque de su última serie en casa de la temporada 2026, y lo hicieron con un lanzador que hacía casi dos años no pisaba un montículo de Grandes Ligas y que había sido subido desde Triple-A esa misma mañana.
El resultado deja a los Cubs en 85-69 justo cuando cada juego pesa doble, y sube a los Reds a 72-82 en el papel más incómodo del calendario: el de aguafiestas. Chicago llegó a Cincinnati peleando por el factor cancha en la ronda de Comodín, empatado con Filadelfia (aunque con el desempate a favor) y con San Diego respirándole a un juego de distancia. Cada tropiezo aquí se paga en octubre.
Arranque caliente: dos carreras antes de acomodarse Cincinnati no esperó. En la parte baja del primer inning, el jardinero central Carlos Jorge abrió con un triple por el jardín, el único de la noche y uno de los apenas dos extrabases que se conectaron en todo el juego. Detrás llegaron los remolques de Sal Stewart y Tyler Stephenson, y en un abrir y cerrar de ojos la pizarra marcaba 2-0 con Clay Holmes todavía buscando su ritmo. Fue el anticipo de lo que sería la noche
entera para el derecho de los Cubs: pocos batazos duros en su contra, pero demasiados corredores regalados.

Chicago responde con Kelly, Happ y Suzuki
Los Cubs no tardaron en contestar. En la segunda entrada, el receptor Carson Kelly impulsó la primera carrera de los visitantes para descontar el marcador. En la tercera llegó el único jonrón del partido: Ian Happ castigó a Chase Burns con un cuadrangular solitario que puso el juego 2-2 y silenció por un momento a la afición local.
La remontada se completó en el cuarto episodio, ya con relevo en el montículo de Cincinnati. Con dos corredores en circulación, Seiya Suzuki soltó un sencillo que empujó dos carreras y le dio a Chicago su primera ventaja de la noche, 4-3. A esa altura, con los Cubs arriba y su abridor estrella todavía en el juego, el partido parecía encaminado para los visitantes.
Vale la pena detenerse en la carrera que los Reds habían anotado en la tercera, porque explica una parte de lo que pasó después: llegó sin imparable productor. Cincinnati cruzó el plato aprovechando el único error defensivo de la noche, cometido por los Cubs. De las seis carreras de los Reds, solo cinco tuvieron carrera impulsada acreditada. La sexta fue un regalo.
El sexto inning: bases llenas, Suárez y Trevino
El juego se rompió en la parte baja de la sexta, y se rompió de la manera más dolorosa para Chicago: sin un solo batazo de fuerza. Con los Reds abajo 4-3, Cincinnati llenó las bases y Eugenio Suárez conectó un sencillo remolcador al jardín izquierdo que empató el encuentro 4-4.
Tras un roletazo de Héctor Rodríguez que sirvió como out, apareció Jose Trevino con el golpe definitivo: otro sencillo, esta vez de dos carreras, para poner el 6-4 que sería el marcador final. Tres carreras en un inning, todas con sencillos y con las bases congestionadas. Ni un doble, ni un jonrón, ni un batazo espectacular. Puro bateo oportuno sobre una montaña de corredores que el pitcheo de los Cubs le había venido construyendo a Cincinnati durante toda la noche. Después de esa entrada, Chicago no volvió a anotar en los tres innings restantes.
Clay Holmes perdió la zona de strike El gran responsable del desenlace fue el abridor de los Cubs. Clay Holmes cargó con la derrota tras 5.1 entradas en las que permitió seis carreras limpias, y lo insólito está en el desglose: apenas tres imparables en su contra, pero cinco bases por bolas, con 97 lanzamientos consumidos antes de que lo sacaran en plena sexta entrada.
Para dimensionar lo anómalo de la noche, Holmes había llegado al juego con efectividad de 2.85 y un WHIP de 1.15 en 91.2 entradas de labor, números de un lanzador confiable en la recta final de la campaña. Seis carreras limpias en 5.1 innings equivalen a una efectividad de 10.13 en esa salida. Los Reds no lo descifraron a batazos; simplemente lo esperaron, le llenaron las bases y castigaron cuando él no encontró el plato. De los cinco boletos que otorgó Chicago en todo el partido, los cinco salieron de su brazo.

Julian Aguiar: dos años de espera para una noche así
La historia más grande del juego, sin embargo, no estuvo en la derrota de Holmes sino en quien se llevó la victoria. Julian Aguiar entró en relevo de Chase Burns y lanzó tres entradas completas, permitiendo cuatro hits y dos carreras limpias, con un boleto y dos ponches en 54 lanzamientos. Fue su primer juego en Grandes Ligas desde el 19 de septiembre de 2024, y el primero desde que se sometió a una cirugía Tommy John.
El detalle que redondea la historia: Aguiar había sido llamado desde Triple-A ese mismo día, para ocupar el lugar de Julian Garcia, colocado en la lista de lesionados de 15 días por cuerpos sueltos en el codo. Los Cubs no le dieron la bienvenida con cortesías y le fabricaron dos carreras en el cuarto inning con el sencillo de Suzuki. Pero Aguiar se acomodó, sacó los nueve outs que le pidieron y estaba en el montículo como lanzador de récord cuando su ofensiva volteó el marcador en la sexta. Casi dos años después de su última aparición, se fue del estadio con una victoria en su hoja de vida.
El plan de pitcheo que hubo que improvisar
Detrás de esa escena hay una historia de pizarrón. Cincinnati llevaba semanas administrando con pinzas la carga de trabajo de Chase Burns, su mejor lanzador. Esta fue su apertura número 29 de la temporada y la tercera vez en el mes que salía con un plan de innings reducidos, después de haber trabajado tres entradas en cada una de sus dos salidas anteriores.
El esquema original del cuerpo técnico contemplaba al zurdo Brandon Williamson como el hombre del piggyback detrás de Burns. Pero Williamson terminó lanzando dos entradas el jueves ante los Dodgers, con 25 pitcheos encima, y el plan se cayó a menos de 24 horas del juego. De ahí la llamada urgente a Triple-A y la aparición de Aguiar. El plan B terminó siendo la historia de la noche.
Burns, por su parte, cumplió con lo que le pidieron: tres entradas, cuatro hits, dos carreras limpias, dos boletos, cuatro ponches y el jonrón de Happ, en 67 lanzamientos. Una salida corta por diseño, no por castigo.
El bullpen cerró la puerta con llave
A partir del séptimo inning, Cincinnati no dejó respirar a los Cubs. Tejay Antone trabajó el séptimo permitiendo apenas un imparable, Brock Burke retiró el octavo sin hits, y Emilio Pagán se encargó del noveno con un ponche para adjudicarse su salvamento número 24 de la temporada. Los tres relevistas cortos combinaron tres entradas en blanco con un solo hit permitido entre los tres, y cerraron una noche en la que el pitcheo de los Reds ponchó a nueve bateadores en total.
Jorge y De La Cruz, los motores del ataque
En la ofensiva, los dos primeros bates del orden fueron el motor. Carlos Jorge se fue de 4-1 con el triple de la primera entrada, un boleto recibido y dos carreras anotadas. Detrás de él, Elly De La Cruz firmó la línea más completa de la noche para cualquiera de los dos equipos: 4-2 en turnos oficiales, dos bases por bolas y dos carreras anotadas. Entre los dos cruzaron el plato cuatro de las seis carreras de Cincinnati.
El resto de la producción quedó repartido. Jose Trevino fue el más productivo del juego con dos carreras impulsadas, ambas en el sexto inning decisivo. Sal Stewart, Tyler Stephenson y Eugenio Suárez aportaron una remolcada cada uno. JJ Bleday anotó una carrera y recibió un boleto, y Suárez sumó también una anotada. Los únicos que se fueron en blanco fueron Héctor Rodríguez, de 4-0, y Matt McLain, de 3-0.
El dato merece subrayarse: los Reds produjeron seis carreras con ocho imparables y un solo extrabase, en un equipo que ha conectado 203 jonrones esta temporada pese a cargar con el promedio de bateo y el porcentaje de embasarse más bajos de todo el béisbol. Esta vez ganaron sin poder, a punta de paciencia y de batear en el momento exacto.
Conforto brilló, pero el corazón de los Cubs se apagó Chicago tuvo bates encendidos y aun así perdió. Michael Conforto fue el mejor de la noche con un 4-3 impecable desde el puesto de bateador designado. Carson Kelly aportó 4-2 con una impulsada, una anotada y un boleto. Ian Happ conectó el único jonrón del partido y Seiya Suzuki empujó las dos carreras del cuarto inning. Dansby Swanson, de regreso en el line-up para esta serie después de una ausencia, ligó imparable, boleto y anotada.
El problema estuvo en los turnos que rodearon a esos nombres. Pete Crow-Armstrong se fue de 5-0 en una noche amarga para quien es el mejor bateador del equipo, con promedio de .282, líder en impulsadas con 105 y con 44 cuadrangulares en la temporada. Alex Bregman también quedó en blanco, de 5-0. Michael Busch se fue de 5-0 aunque negoció dos boletos. Tres huecos consecutivos en el corazón de la alineación son demasiado peso para cargar, sobre todo cuando el equipo está dejando corredores en circulación inning tras inning.
McLain, Francona y el diagnóstico de una ofensiva
Del lado de Cincinnati, la nota agridulce volvió a ser Matt McLain, que se fue sin hits en tres turnos. El manager Terry Francona habló esta semana con la prensa sobre el bache prolongado del segunda base, y su lectura fue tan honesta como paciente: dijo que McLain "sin duda es capaz; y que simplemente no siempre lo ha hecho, insistiendo en que la capacidad sigue ahí adentro. Es el tipo de declaración que resume la temporada entera de unos Reds que han visto talento sin consistencia.
El dato que explica el juego completo
Si hay que reducir esta noche a una sola cifra, es esta. Los dos equipos pusieron exactamente trece corredores en circulación: Cincinnati con ocho imparables y cinco boletos, Chicago con nueve imparables y cuatro boletos. Tráfico idéntico en las bases. La diferencia estuvo íntegramente en la conversión.
Los Reds batearon de 7-3 con corredores en posición de anotar. Los Cubs, de 10-2. Ese contraste es el partido entero en dos fracciones. Chicago tuvo más oportunidades y las desperdició una tras otra, y encima cometió el único error de la noche, que le costó una carrera. Añádase un detalle curioso que cierra el retrato: en los nueve innings no se conectó ni un solo doble. Los únicos extrabases del juego fueron el triple de Jorge en la primera y el jonrón de Happ en la tercera. Todo lo demás, los diecisiete
imparables restantes, fueron sencillos.
Lo que está en juego y lo que viene. Para los Cubs, cada derrota en Cincinnati es un riesgo directo sobre el factor cancha en la ronda de Comodín, con Filadelfia empatada y San Diego a un juego. No es una serie de trámite por más que el rival esté eliminado. Para los Reds, que ya no juegan por nada propio, quedan dos oportunidades más de arruinarle la fiesta a un rival divisional en el cierre de su calendario en casa.
La serie continúa el sábado a las 6:40 p.m. ET, con un duelo de zurdos: Matthew Boyd por Chicago frente a Nick Lodolo por Cincinnati. El domingo se cierra el telón del año en el Great American Ball Park. Y si algo dejó claro este viernes, es que estos Reds están perfectamente dispuestos a complicarle la vida a
quien venga con algo que perder.




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