top of page

SEPTIEMBRE - DREAH : la sirena que convirtió sus heridas en música y decidió no apagar su brillo

  • Foto del escritor: Fernando Mendoza Nivicela
    Fernando Mendoza Nivicela
  • hace 16 horas
  • 9 min de lectura
PORTADA DEL MES DE SEPTIEMBRE
PORTADA DEL MES DE SEPTIEMBRE

Hay personas que llegan a una entrevista con una historia preparada. Y hay otras que llegan con tantas historias dentro que basta con hacer una pregunta para que aparezca una vida entera. Andrea Martínez pertenece a ese segundo grupo. Frente al mar de Miami, en una conversación que por momentos se siente más como una charla entre amigos que como una entrevista, aparece una mujer que está atravesando una de las transformaciones más importantes de su carrera. Durante años, millones de personas la conocieron como Dance Like Andrea, la creadora de contenido de los tacones imposibles, los acentos, las transiciones, la comedia y esa capacidad casi inagotable de convertir cualquier idea en entretenimiento. Ahora aparece Drea, su alter ego artístico, una mujer que llega a la música con una canción llamada Sirena y con una historia que va mucho más allá de un lanzamiento. Porque detrás de esta nueva etapa hay pérdidas, inseguridades, sueños postergados, fe y una decisión que parece sencilla, pero que para ella significó enfrentarse a uno de sus mayores miedos: volver a cantar.



Escuchar a Andrea hablar de sus comienzos es descubrir que su historia no nació en TikTok, aunque TikTok haya sido el lugar donde millones de personas terminaron encontrándola. Cuando la pandemia paralizó el mundo, ella trabajaba como mesera y estaba acostumbrada a vivir rodeada de personas. De pronto, aquella vida se detuvo. Su familia estaba lejos, ella estaba en Estados Unidos y la ausencia de contacto humano comenzó a pesarle. Una sobrina le hizo entonces una pregunta aparentemente inocente: “¿Por qué no haces una cuenta en TikTok?”. Andrea aceptó el reto sin imaginar que aquella decisión cambiaría completamente su vida. Primero llegaron los bailes, después la comedia, los acentos y una serie de ideas que comenzaron a viajar por las redes sociales a una velocidad inesperada. En uno de los momentos más impresionantes de su crecimiento digital llegó a sumar un millón de seguidores en un solo mes. Argentina, Ecuador, Chile, Colombia y otros países comenzaron a reconocerla por sus videos, mientras ella descubría que aquello que había comenzado casi como una manera de combatir la soledad podía convertirse en una profesión.


Pero antes de los millones de seguidores ya existía una Andrea profundamente ligada al arte. Su infancia transcurrió entre viajes, escenarios y una familia que respiraba música. Su padre trabajó durante más de cuatro décadas en el circo Fuentes Gasca, una institución del espectáculo latinoamericano que llevó a la familia a recorrer diferentes países. Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina y otros destinos fueron parte de una niñez poco convencional, marcada por las mudanzas constantes y por la vida detrás de las carpas. Su padre, además, era músico y cantante; tocaba guitarra y piano y componía canciones. Su madre también tenía una relación cercana con la música. En aquella casa convivían géneros y generaciones diferentes, desde el rock and roll y los boleros hasta la salsa, la música norteña, el pop y otros sonidos. Andrea creció viendo escenarios y artistas, pero quizá lo más importante es que creció entendiendo que el arte podía ser una forma de vida. Por eso, cuando hoy habla de convertirse en cantante, no parece estar entrando en un territorio completamente desconocido. Más bien parece estar regresando a un lugar que, de alguna manera, siempre le perteneció.


La transformación comenzó mucho antes de que apareciera el nombre Dreah. Quienes han seguido su carrera saben que Andrea nunca ha sido una creadora de una sola fórmula. Fue la mujer de los tacones, la de la chancla, la de los acentos, la de las transiciones, la del maquillaje y la que podía convertir una situación cotidiana en un video capaz de acumular millones de reproducciones. El famoso tacón challenge se convirtió en una de sus marcas más reconocibles, pero detrás de cada tendencia siempre existió algo más importante: su personalidad. Andrea no solamente reproducía un trend; lo convertía en Andrea. Esa capacidad de apropiarse de diferentes lenguajes explica también por qué ahora puede entrar en la música sin sentir que está traicionando todo lo que construyó. “Drea es una extensión de Andrea Martínez”, explica. Y quizás esa sea la mejor manera de entender esta nueva etapa. No estamos frente a una persona completamente diferente, sino frente a una parte de ella que durante mucho tiempo permaneció esperando su momento.


Hay una frase que aparece varias veces cuando Andrea habla de su evolución: la niña interna. Para ella, crecer no debería significar perder esa capacidad de jugar, experimentar y atreverse. Quizás por eso puede pasar de un tutorial de maquillaje a una canción, de un video cómico a un escenario, de una imitación de acentos a una sesión fotográfica sin sentir que está contradiciéndose. Su personalidad tiene múltiples capas y Drea es una de ellas. Cuando habla de ese nombre artístico, lo describe como una versión de sí misma que se siente “diosa, reina, empoderada, apoteósica”. Hay una sonrisa cuando lo dice, pero también una convicción evidente. Drea representa a la mujer que durante años estuvo ahí, esperando que Andrea se atreviera a darle un espacio. Y ese espacio llegó precisamente cuando la vida parecía decirle todo lo contrario.


Porque el camino hacia la música no comenzó desde la seguridad. Comenzó desde una etapa de profunda vulnerabilidad. La muerte de su padre, las dificultades de su proceso migratorio en Estados Unidos y una serie de circunstancias personales hicieron que Andrea llegara a cuestionarse incluso aquello que había construido. Hubo un momento en que pensó en cerrar sus redes sociales y regresar a trabajar como mesera. La mujer que durante años había aparecido frente a millones de personas haciendo reír, bailando y creando contenido también podía sentirse perdida cuando las cámaras se apagaban. Fue entonces cuando comenzó a escribir canciones. Una, después otra, y otra más. Hoy habla de más de 30 canciones guardadas, como si durante todo ese tiempo hubiera estado escribiendo silenciosamente una historia que todavía no sabía cómo contar. La música apareció como una necesidad, casi como una conversación privada consigo misma. Y cuando finalmente decidió llevar esas canciones a un estudio, descubrió que perseguir un sueño también podía doler.


Su primera experiencia de grabación fue especialmente dura. Recibió críticas sobre su voz, salió del estudio llorando y durante un momento pensó que quizá todas las dudas que había tenido eran ciertas. No había estudiado música formalmente, no se consideraba una cantante preparada y tenía miedo de que quienes la habían seguido durante años rechazaran aquella nueva faceta. Pero después de llorar y cuestionarse, apareció una pregunta mucho más poderosa: ¿qué perdería si no lo intentaba? La respuesta terminó siendo más importante que el miedo. Andrea comprendió que podía fracasar intentando algo nuevo, pero también podía pasar el resto de su vida preguntándose qué habría ocurrido si se hubiera atrevido. “Es más lo que pierdo si no lo intento”, dice al recordar aquel momento. Y esa frase parece resumir el espíritu de esta nueva etapa. No está entrando a la música porque haya dejado de sentir miedo. Está entrando porque finalmente entendió que el miedo no podía seguir decidiendo por ella.


De esa batalla interna nació Sirena, una canción que llega con el sonido del verano, la energía de Miami y una estética construida alrededor del mar, pero cuyo verdadero significado está en otro lugar. La canción habla de amor propio. Andrea no está diciendo que no crea en el amor; de hecho, se declara completamente a favor de él. Lo que cuestiona es esa idea de que una mujer tiene que perderse dentro de una relación para demostrar que ama. “Soy una sirena independiente y bella y no me quiero enamorar”, canta. La frase puede parecer provocadora, pero detrás existe una reflexión mucho más profunda: enamorarse de alguien no debería significar dejar de enamorarse de una misma. Para Andrea, una mujer puede estar soltera, casada o en una relación y seguir teniendo como prioridad su propia felicidad. El amor debería sumar, no borrar. Y esa idea se convierte en uno de los mensajes centrales de una canción que, detrás de su ritmo y su estética, busca recordarle a las mujeres que no necesitan disminuirse para hacer sentir grande a otra persona.


Hay otra imagen de Sirena que quizá explica todavía mejor lo que Andrea está viviendo: “Soy el fuego debajo del agua, no me dejaré apagar”. Es una metáfora poderosa para una mujer que durante años ha tenido que convivir con opiniones externas, inseguridades y momentos en los que otros intentaron definir hasta dónde podía llegar. Ella recuerda incluso una experiencia de adolescencia en la que alguien se burlaba de su manera de cantar y cómo aquello terminó afectando su confianza durante años. La herida permaneció. La música se quedó en silencio. Pero el tiempo también hizo su trabajo. Hoy Andrea entiende que muchas veces somos nosotros mismos quienes terminamos convirtiéndonos en nuestros propios límites. Los comentarios del pasado, los traumas, las inseguridades y el miedo pueden construir una jaula invisible. Romperla requiere valentía. Y Drea parece ser precisamente ese intento de romperla.


Su comunidad también forma parte esencial de esta transformación. Más del 90% de su audiencia son mujeres y muchas de ellas han acompañado a Andrea durante años. La han visto reír, llorar, equivocarse, cambiar de opinión, atravesar momentos difíciles y volver a levantarse. Para ellas, Andrea dejó de ser solamente una creadora de contenido y terminó convirtiéndose en una figura cercana, casi familiar. Por eso presentar Sirena también significaba exponerse a una nueva clase de juicio. Existía el temor de que sus seguidores dijeran que una creadora de contenido estaba intentando convertirse en cantante. Pero la respuesta fue distinta. La comunidad recibió la canción, compartió el video y comenzó a pedir más música. Ese respaldo tiene un significado especial para Andrea porque demuestra que las personas no necesariamente quieren verla repetir lo que ya conocen. También están dispuestas a acompañarla cuando decide crecer.


Quizás por eso resulta imposible hablar de Dreah sin hablar de libertad. Esa palabra aparece detrás de la canción, detrás del personaje y detrás de la propia transformación. Andrea quiere explorar diferentes sonidos, probar géneros, experimentar y descubrir hasta dónde puede llegar. No quiere encerrarse en una sola etiqueta. Le gusta el jazz, el mariachi, la salsa, el pop, el house y el rock, y entiende la música como un lenguaje demasiado grande para limitarlo a una sola categoría. Sirena es el primer paso, pero ya existe una siguiente historia esperando: Pantera, la canción que tiene prevista para octubre. Y aunque todavía no sabe exactamente hasta dónde la llevará esta aventura, sí parece haber encontrado algo que durante mucho tiempo estuvo buscando: la libertad de intentarlo.


Cuando la conversación avanza y Andrea comienza a hablar de sus sueños, aparece nuevamente la mujer que existe detrás del personaje. Habla de Dios, de las veces que se arrodilló para pedir una señal, de las dudas y de esa sensación de que cada vez que preguntaba si debía hacer música aparecía una respuesta que la empujaba a continuar. No habla desde la perfección. Habla desde el proceso. Desde el miedo. Desde las lágrimas. Desde las veces que quiso abandonar. Y quizás ahí reside una de las razones por las que su historia resulta cercana. Andrea no está contando la historia de alguien que tenía todo resuelto y simplemente decidió convertirse en cantante. Está contando la historia de una mujer que tuvo que convencer primero a la persona más difícil de convencer: ella misma.


Al final de nuestra conversación, le pedimos que complete una frase: “Yo soy la más chingona, ¿por qué?”. Andrea no duda demasiado. La respuesta llega con esa seguridad que parece haber ido construyendo durante toda la entrevista: “Porque soy una hija de Dios, soy la más chingona porque creo en mí misma, soy la más chingona porque nada me detiene, porque hago de algo feo, arte, algo bonito y porque si yo puedo hacer lo que se me ocurra, tú también puedes”. Hay frases que funcionan como respuestas y otras que terminan convirtiéndose en manifiestos. Esta pertenece a la segunda categoría. Porque si algo queda después de escucharla hablar durante casi una hora no es solamente la historia de una influencer que decidió cantar. Es la historia de una mujer que tomó aquello que alguna vez la hizo dudar y decidió convertirlo en creación.


Desde Miami, con el mar como escenario natural de una conversación que parece hecha para esta nueva etapa, Andrea Martínez se despide siendo muchas mujeres al mismo tiempo. Es Andrea, la creadora que construyó una comunidad durante la pandemia. Es Dance Like Andrea, el personaje que hizo reír y bailar a millones. Y ahora es Drea, la mujer que se atreve a cantar después de años de miedo. Sirena puede ser una canción sobre una mujer que no quiere enamorarse, pero también puede escucharse como una declaración mucho más personal: no volver a enamorarse de las expectativas de los demás hasta olvidar quién eres. No apagar el brillo. No renunciar al sueño. No permitir que una herida determine el resto de tu historia.


Quizás esa sea la verdadera esencia de Drea. Convertir algo feo en arte. Tomar el dolor, transformarlo en música y devolverlo al mundo convertido en algo capaz de inspirar. Y mientras su voz comienza a encontrar su lugar entre las luces de Miami, Andrea parece haber entendido algo que durante mucho tiempo necesitó recordar: nunca es demasiado tarde para volver a intentarlo. El miedo puede acompañarte, las dudas pueden aparecer y el camino puede ser mucho más difícil de lo que imaginabas, pero al final siempre queda una posibilidad. La de dar ese primer paso. La de elegirte. La de creer en ti. La de ser, finalmente, la versión de ti misma que durante tantos años estuvo esperando salir.


version en Ingles de On Latino Magazine
version en Ingles de On Latino Magazine

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
  • Facebook
  • YouTube
  • Instagram
ONTARIO ES LATINO

¡Ponte On, ponte Ontario Latino!

Contáctanos

¡Gracias por tu mensaje!

bottom of page