Ni la tormenta detuvo el empate Haití–Islandia
- Fernando Mendoza Nivicela

- 31 mar
- 3 Min. de lectura

En un empate 1-1 ante Islandia en el BMO Field de Toronto, el nuevo talento haitiano Wilson Isidor marcó su primer gol internacional, pero el equipo volvió a mostrar problemas estructurales rumbo al Mundial.
Haití cerró su ventana internacional de marzo con un empate 1-1 ante Islandia en el BMO Field de Toronto, en un partido que dejó sensaciones mixtas de cara al proceso rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026. Bajo el sello de full sport by onlatino media rumbo al mundial, el encuentro mostró tanto destellos de talento ofensivo como preocupantes falencias en la organización del equipo caribeño. Wilson Isidor fue la gran nota positiva al anotar su primer gol internacional, pero el rendimiento colectivo volvió a encender alarmas.
El partido comenzó con una dinámica equilibrada, aunque con dificultades claras para Haití en la construcción desde el mediocampo. El equipo de Sébastien Migné intentó imponer intensidad desde el inicio, pero nuevamente le costó asentarse en el ritmo del juego durante los primeros minutos. Islandia, con un estilo más pausado y de posesión, logró encontrar espacios y obligó a Haití a replegarse en varios tramos. Esa falta de control en la mitad del campo se convirtió en un patrón repetido durante toda la fecha FIFA, dejando en evidencia una dependencia excesiva del juego directo.
En la primera mitad, Haití mostró algunos destellos ofensivos interesantes, especialmente a través de las combinaciones entre Duckens Nazon, Frantzdy Pierrot y Ruben Providence. Sin embargo, la falta de claridad en el último pase impidió que esas aproximaciones se transformaran en ventaja en el marcador. Islandia, por su parte, comenzó a ganar terreno con el paso de los minutos, aprovechando errores en salida y desajustes en la presión haitiana. Aun así, el partido se mantuvo cerrado, con pocas ocasiones claras y mucha disputa en el centro del campo.
El segundo tiempo trajo consigo un mayor dominio de Islandia, que empezó a castigar la pasividad defensiva de Haití. El mediocampista Gylfi Sigurðsson se convirtió en una amenaza constante entre líneas, encontrando espacios que la defensa caribeña no logró cerrar con eficacia. Esa falta de coordinación se tradujo en el gol islandés al minuto 61, cuando Sigurðsson apareció sin marca dentro del área para definir tras un centro preciso. La jugada expuso nuevamente los problemas de cobertura en los costados y la falta de comunicación en la última línea.
A pesar del golpe, Haití no bajó los brazos y buscó respuestas desde el banquillo y la energía ofensiva. El ingreso de jugadores con perfil más dinámico permitió que el equipo recuperara algo de intensidad en los metros finales. Sin embargo, el verdadero cambio llegó en el tramo final del encuentro, cuando apareció Wilson Isidor para marcar el empate al minuto 88. El delantero de 25 años definió con calma tras una jugada individual iniciada por Frantzdy Pierrot, firmando así su primer gol con la selección y encendiendo una pequeña luz de esperanza para el futuro inmediato del equipo.
Más allá del gol, el análisis del partido deja preocupaciones profundas para el cuerpo técnico. La falta de control en el mediocampo volvió a ser determinante, especialmente tras la ausencia de Danley Jean-Jacques, quien no estuvo disponible tras su expulsión en el partido anterior. Sin un enlace claro entre defensa y ataque, Haití perdió fluidez y dependió demasiado de acciones individuales. Además, la incapacidad para adaptarse a distintos estilos de juego sigue siendo un problema estructural, ya que el equipo se siente más cómodo en transiciones rápidas que en partidos de posesión prolongada como este.
En defensa, los errores de posicionamiento y la poca coordinación en los costados fueron evidentes, especialmente en el sector izquierdo, donde Islandia encontró espacios con relativa facilidad. Estas fallas podrían resultar mucho más costosas ante selecciones de mayor jerarquía en el Mundial, como Brasil o Marruecos, donde cada desajuste suele terminar en gol. A pesar de ello, el cuerpo técnico mantiene la idea de que estos partidos sirven como laboratorio para corregir a tiempo.
Haití se despide de esta ventana internacional con una mezcla de optimismo y preocupación. El empate deja una sensación de oportunidad perdida, pero también confirma que el equipo cuenta con nuevas piezas ofensivas capaces de marcar diferencias. El reto ahora será convertir esos destellos individuales en un funcionamiento colectivo sólido y competitivo. Porque el tiempo corre, y el Mundial 2026 se acerca rápidamente. Y en ese camino, cada detalle cuenta.


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